surge mágico este estertor caníbal

que se muerde a cada instante los miembros del poema

y deja sólo ileso el cordón umbilical

para instaurar mañana un misterioso libro

de metáforas cautivas en silencios

NARRATIVA

Erik el erizo


Y aunque el abrazo de un erizo
sea lo mismo que perderte
Mikel Erentxun


Erick el erizo estaba solo y añoraba la vida que se vivía fuera de sus espinas. Sin embargo no podía acercarse a nadie que no se sintiera repelido por el miedo de espinarse. Incluso a sus pocos amigos, que, preocupados, procuraban estar cerca, les resultaba imposible franquear la barrera de espinas que aislaba a Erick del mundo.
Una madrugada, frente al televisor, Erick tuvo una revelación que lo impactaría profundamente: Mientras miraba en la televisión un documental sobre los faquires de la India y su ascetismo extremo, el locutor mencionó que entre otros de los muchos tormentos a los que se sometían estos hombres estaba la martirizante penitencia de dormir sobre una cama cubierta en su totalidad por clavos puntiagudos y erectos.
La imagen del hombre enjuto reposando todo el peso de su cuerpo sobre las puntas afiladas de los calvos era impactante. Se podía ver incluso, como los filosos punzones penetraban la piel delgada y expuesta del faquir, pero, sorprendentemente, éstos no lograban traspasarla. El instruido locutor explicaba que la piel de iniciado no sufría ningún daño debido a que el escaso peso de su cuerpo se repartía uniformemente sobre la ínfima superficie de las puntas afiladas de tal forma que en ninguna se ejercía la presión suficiente para que éstas lograran herir su piel, ya no se diga atravesar el cuerpo del practicante.
Así, el erizo comprendió que la única forma en que podía conseguir tener contacto con el mundo sin sentirse culpable por el daño que pudiera infringirle era entregándose al mundo por completo, sin miramientos, en un abrazo único y total que le permitiera al fin y de una vez por todas derrumbar la barrera de recelos que lo mantenía alejado de todo, y solo por completo.
No pasó mucho tiempo antes de que Erick conociera a Rosita, y, una vez librado del temor que le causaban al erizo sus propias espinas cuando se encontraban cerca de una piel suave, el erizo consiguió despertar cierto interés en ella.
Una tarde mientras Erick y Rosita conversaban sentados en el césped bajo la sombra de un árbol, el erizo no pudo reprimir más su añejo deseo de abandonar la soledad de sus espinas y fundirse en el calor de una piel nueva. Sin embargo, en el último instante, Erick tuvo miedo y titubeo. En lugar de entregarse en un solo abrazo único y total, que envolviera el cuerpo frágil de Rosita como un a cama tibia en las noches de invierno, el erizo detuvo su impulso inicial reduciendo su caricia a un brusco roce que terminó por herir el pecho de su amada, quien comenzó a sangrar.
Atormentado por la culpa y la vergüenza, y sin saber a ciencia cierta qué había salido mal, Erick salió huyendo para no volver, y sin oír siquiera los llamados de Rosita que intentaban detenerlo. 
28/I/2008