¿De qué me has valido, Amor, de qué me has valido?,
si al acabarte, Amor, no queda nada, no,
todo te llevas.
Dejas sólo recuerdos de una apenas caricia,
ese herrumbroso sabor impregnado en los labios,
y el espacio vacío de la almohada y mi pecho.
No dejas nada, Amor, no dejas nada de las sonrisas
que brotaban de noche sin querer,
Ni las conversaciones de madrugada entre las sábanas.
Te vas y tras de ti se va toda esperanza
te vas y pronto viene, en un momento, la soledad.
Esta noche te vas,
ya me dejas sin nada, Amor, solo me quedo.
Y me miro al espejo, y hallo un viejo suspiro olvidado allí dentro
Y me escurre una lágrima sin demasiada tristeza
(pues hasta eso te llevas, Amor, no dejas nada)
la miro resbalar, rodar y caer de vuelta a mi pecho
y absorberse en mi ropa donde al rato se seca.
Y aun me reclamas, Amor, y aun me reclamas
cuando logro olvidarte y me acostumbro a estar solo
pues de nuevo regresas, y a buscarte me pides
que salga al instante, Amor, a correr tras de ti.


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