surge mágico este estertor caníbal

que se muerde a cada instante los miembros del poema

y deja sólo ileso el cordón umbilical

para instaurar mañana un misterioso libro

de metáforas cautivas en silencios

sábado, 20 de marzo de 2010

AMOR

¿De qué me has valido, Amor, de qué me has valido?,

si al acabarte, Amor, no queda nada, no,

todo te llevas.

Dejas sólo recuerdos de una apenas caricia,

ese herrumbroso sabor impregnado en los labios,

y el espacio vacío de la almohada y mi pecho.


No dejas nada, Amor, no dejas nada de las sonrisas

que brotaban de noche sin querer,

Ni las conversaciones de madrugada entre las sábanas.


Te vas y tras de ti se va toda esperanza

te vas y pronto viene, en un momento, la soledad.

Esta noche te vas,

ya me dejas sin nada, Amor, solo me quedo.

Y me miro al espejo, y hallo un viejo suspiro olvidado allí dentro

Y me escurre una lágrima sin demasiada tristeza

(pues hasta eso te llevas, Amor, no dejas nada)

la miro resbalar, rodar y caer de vuelta a mi pecho

y absorberse en mi ropa donde al rato se seca.


Y aun me reclamas, Amor, y aun me reclamas

cuando logro olvidarte y me acostumbro a estar solo

pues de nuevo regresas, y a buscarte me pides

que salga al instante, Amor, a correr tras de ti.


No hay comentarios:

Publicar un comentario